Seguidores

martes, 5 de marzo de 2019

Bibliotecas al paso. La Artigas, otra ocasión para la lectura



La Artigas, otra ocasión para la lectura.
Desde hace algunos años se multiplican en todo el país las Bibliotecas al Paso. Con formas de “pajareras” o de Pierrot armado con venecitas o casitas de color azul. “Con la instalación del mueble biblioteca en el espacio público, la escuela ya no es la única ocasión para el abordaje de la lectura”, explica María Inés Gómez bibliotecaria en el barrio Ramón Carrillo, Villa Soldati, y una de las convidadoras  de la Biblioteca Al Paso Artigas situada en el barrio de La Paternal., más precisamente en Gervasio Artigas al 2600.“Desde el año pasado (2018) tenía ganas de hacer una porque sabía que existían.  En un momento de tanta oscuridad, en el que el contexto asusta, no sabes para dónde vamos y eso mismo me dio el impulso de armar una biblio en la vereda. Me fui al Taller de Alma, un espacio de creación para chicos y adultos, para ver de qué se trataba y con tres o cuatro notitas que me traje de ahí fui a conversar con los vecinos. Primero con dos familias de la escuela dónde van mis hijos y fue una multiplicación exponencial. Enseguida fuimos un montón formando equipo.  Nos conocemos del barrio, de seminarios como los de Cecilia Bajour (1) que además es vecina, de las escuelas y de un montón de otros lugares. Se armó una red sorprendente de vínculos. La inauguramos el 6 de octubre y está teniendo un desarrollo increíble”.

-¿Qué es, cómo funciona una biblioteca al paso?

-No sé si hay una definición oficial (sonrisa), pero la instalación de la biblioteca mueble con su colección en el espacio público hace que desaparezca el espíritu de tener todo bajo control. Por ejemplo no se propone que se registre el préstamo. La circulación es verdaderamente libre, desestructura la representación que en general se tiene de una biblioteca. Estamos acostumbrados a dar cuenta de lo que llevamos, de lo que devolvemos, a tener miedo que nos pase algo con el material. De este modo el acceso queda despojado de  requisitos. Y a la vez es conmovedor ver a vecinos que, aunque exista este nivel de libertad,  anotan que se llevan tal libro y que lo van a devolver. Es una biblioteca puesta en el espacio público, sin necesidad de registro, sin requisitos: hay quienes se llevan libros y traen y hay quienes llevan y no traen.

-Y ahora que todo es imagen, ¿se sigue leyendo?

-Nunca dejé de pensar que la gente lee, pero la mediación siempre es necesaria. Tenemos que seguir generando y diversificando para que haya muchas otras "grandes ocasiones" además de la escuela, para que no sea  la única  Gran Ocasión (2). El modo de lectura escolar con sus consignas y sus tiempos es un modo. Muchas veces vemos que son los chicos los que agarran los libros y los adultos enseguida “no, no toques” y tenemos que salir a decirles “déjalo que está para eso”. Necesitamos multiplicar la ocasión y ponerle el cuerpo a la mediación.  Participan los niños y adultos que no tienen acceso a los libros, pero también los que tienen libros y pueden comprarse. El concepto de al paso, genera otra cosa. Te digo más: el día que estábamos armando la biblioteca pasaban unas chicas que van casa por casa vendiendo cosas y nos preguntaron qué estábamos haciendo. Les contamos y nos dicen “tenemos libros”. Sacaron del bolso y nos los dejaron. Todos tenemos algo para dar y esto mismo desarticula las representaciones que tenemos. Por ejemplo de quiénes son los libros, quién  organiza una biblioteca. Esas representaciones se ponen movedizas, se dinamizan.




Contar y Picar
Es la noche del 2 de marzo. Sábado, vereda y calle, están de carnaval. Una cantora con caja nos cuenta que en el chillido que suelta cuando termina la copla vuelan los sonidos que no utilizó y los devuelve al viento. Después, habrá tango y murga.
Cuelgan guirnaldas con bombitas que en vez de agua explotan frases: nochecita de verano balido ardiente, no dejes salir al diablo a que me tiente. Hay rondas de chiques y grandes armando antifaces, rondas de chiques abriendo los ojos, atentos a los cuentos que viajan en las voces  de narradoras y narradores. Hay mesas para que les grandes compartamos algo para comer, una charla, una sonrisa. De repente les adultes también quedamos atrapades con alguna historia de sapos y agradecides cuando nos regalan una copla en un sobrecito de té.


-Más allá de sostener la biblio, queríamos de algún modo habitar la vereda con propuestas de este tipo, con este formato de Contar y Picar que es tan amigable y resultó muy bien recibido. Lo hacemos cada tanto. Cada uno trae algo para comer y beber. Y  se produce este maravilloso encuentro entre vecines.

Un modo de resistencia para estos tiempos.

(1) Cecilia Bajour, profesora en letras, Coordinadora del Área de Literatura Infantil y Juvenil del PLELIJ de la UNSAM.
(2)La Gran Ocasión, la escuela como sociedad de lectura de Graciela Montes.


viernes, 1 de marzo de 2019


Los manchados de María Teresa Andruetto

A finales de 2011, Julieta viaja a Tama, ciudad de La Rioja, para saber más sobre su padre. “Casi todo el tiempo que estuvo con nosotros se quedó entre estas paredes. Después, cuando se fue hacia el Sur porque la chica peligraba, vinieron a buscarlo los gendarmes (…)” Desde allí irá reconstruyendo identidad a través de, principalmente, conversaciones con mujeres que son familiares o  han conocido a su padre. Esas voces evocarán las insurrecciones diaguitas y al Chacho Peñaloza, los fusilamientos en los basurales de José León Suarez, los bombardeos en Plaza de Mayo, la última dictadura cívico militar, entre otros acontecimientos  de la historia política de nuestro país.
Geográficamente lejos de Macondo, pero con su aire de pasiones, desgracias, entreveros y genealogía familiar, la novela está narrada por voces en primera persona y con los diversos modismos del noroeste. Ese modo coral y de rescate de la oralidad popular le da colores y  perspectivas distintas para esa búsqueda y reconstrucción en la que las reiteraciones y contradicciones tienen sentido. “Así sucedieron las cosas, niña Julieta, como le digo, y de ahí dimana todo (…) Esta pariente que le mento, la mujer de ese cabo que estaba en servicio, es quien me ha contado la mala vida que el Manchado le daba a su abuela”

La voz de Julieta no aparece explícitamente. La vamos conociendo a partir de la interacción en las conversaciones que narrativamente no son diálogos, sino una suerte de monólogos en los que Andruetto la visibiliza con el artilugio de la charla. “Hay algunas cuestiones que no viene al caso decirle a usted, asuntos que ni Pepe ni yo le preguntamos nunca a su papá, por discreción, porque nos pareció que ya tenía bastante con lo que le había tocado…Lo veíamos sufrir, y como nos encariñamos con él, no preguntamos cuál era el verdadero motivo por el que andaba escapando (…)” La sensación es que estas hospitalarias mujeres mantienen la charla con quienes estamos leyendo,  se siente la invitación y hasta el leve gesto de ofrecer  un té o un tamal para acompañar el diálogo.
Julieta y quienes leemos estamos en una posición de paridad avanzando una a una las páginas. Develamos y reconstruimos al mismo tiempo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
Otro recurso que Andruetto pone en juego, es que una de las voces  se intercala cada tanto como narradora en tercera persona, ratificando o aportando datos y ayudando a completar el hilo narrativo. Este punto de vista se corporiza en capítulos de un libro escrito por una de las mujeres entrevistadas por Julieta. ” Efectivamente, Julieta, mi apellido es Linares, soy la autora de ese libro de memorias que menciona y desciendo de esa Martirio Linares de la que habla, soy nieta de una hija que ella tuvo cuando ya era grande, pero como no me crió mi madre sino otras muchas mujeres que vivían en la casa, no podría decir a cuál de todas ellas cabría llamar mamá…”
 El libro,  al que se alude en las conversaciones, cuenta la historia de Tama. El efecto es el de salir y entrar en la historia de ficción. Y es a su vez, para los lectores de Andruetto, un diálogo con su obra, en particular con las novelas Tama y Lengua Madre.
Como en Cien años de soledad, quienes estamos leyendo nos vemos en la gran tentación de  completar el árbol genealógico de Los Manchados  para no perdernos. “En cuanto a Martirio Linares, vendría a ser abuela de Emérita y Arminda, que son hijas de mi tía Zenobia, también abuela mía, por lo que puestos a considerar, había sabido ser que Emérita y Arminda, por una parte, y yo, por otra parte, venimos a ser primas”
“En cuanto a su papá, pobre, recuerdo que en aquel tiempo y con todos los problemas que teníamos, estaba preocupado por una mancha que tenía en el brazo, un lunar gordo y lleno de pelos; quería sacárselo”. Por suerte y paradójicamente,  no hay una  sola certeza de a qué responde el título de esta novela en la que el universo de los humildes y, en particular de las mujeres, lleva las riendas.