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jueves, 26 de diciembre de 2019

Roberta Iannamico



Roberta Iannamico conversa con Infobae, sobre su último libro " Saltar soga en la noche" 

" La poeta y cantautora dialoga sobre " Saltar soga en la noche", donde construye un universo de enigma y terror para los más chicos, a partir de una veintena de textos que recuperar elementos tradicionales del género".


Oficio de Buhos -Reseña


Reseña 
Oficio de Buhos de Liliana Bodoc, publicada en Bibliotecas para Armar.

"Liliana Bodoc es la figura más importante del Fantasy en la literatura argentina. En La Saga de los Confines advertimos su recorrido como lectora por la literatura de Úrsula K. Le Guin, y su operación de resignificación del género, ya que las tres novelas de la saga se asocian con las historias, los mitos y las leyendas de los pueblos originarios de América Latina"
https://bibliotecasparaarmar.blogspot.com/2019/10/oficio-de-buhos.html

El país de Juan

Reseña

El país de Juan de María Teresa Andruetto.

Publicada en el blog de Literatura Infantil y Juvenil Avion que va
https://avionqueva.com/2019/11/21/la-esperanza-mas-grande-que-un-rio/?fbclid=IwAR389uRZeKOv1Y-bUzRsXj-mc1E54nCewpofTnyd07MaSbbCOPoABk2JN8Y

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Conversación con Verónica García Ontiveros

Publicada en el blog de Literatura Infantil y Juvenil Avión que va.

La belleza en la tormenta.

La tarde, muy de entrecasa, da comienzo a esta historia que se cuenta en tres actos. Así, en Aguaciles de Verónica García Ontiveros, sucede lo natural de una tormenta, pero con la mirada suspendida en la maravilla de lo que no se ve a simple vista. Publicado por Ediciones Del Naranjo en 2013, es un libro para leer situados desde el asombro en viaje a  lo pequeño y cotidiano.



- Tu alguacil “se quedó, alas cerradas, a mirar por la tormenta”, ¿cómo es mirar por la tormenta?
-Eso es más propio del alguacil que mío porque no lo podría identificar como una experiencia personal. Mi vivencia de la tormenta es cuando está llegando esa cosa negra que se te viene encima, el viento, los ruidos y  la posibilidad de quedarte debajo de la lluvia. En el libro, el aguacil es mi testigo, pero si me apego a la imagen no es que se queda a mirar a través del agua como podría ser la literalidad de la frase. Sino que es la excusa por la cual se quedó. En realidad también es la idea de la permanencia. El alguacil viene, trae la tormenta y se queda hasta el final. Un poco lo forcé a que se quede.

- Pobre alguacil, ¿por qué?
El tema era encontrar un testigo, un yo poético que pudiera contar en tercera persona una historia. Este texto no empezó como un poema narrado enteramente, es decir como un poema que cuenta una sucesión de hechos. Empezó con versos sueltos. El poema narrado y esta de historia de amor entre el viento y la lluvia y todo lo que se desencadena a partir de la cita entre ellos,  encontró el título mucho tiempo después. El nombre del libro pasó por múltiples variantes que tenían que ver con este encuentro de amor. Y no salía y no salía. Entonces fue cortar, empezar de cero. Sentía que podía tener el nombre de alguno de los  otros protagonistas, y cuando apareció alguaciles, me di cuenta que la palabra contenía la palabra agua y eso ¡me encantó! Fue lo que me decidió entre otras tantas opciones. Pero al principio, el alguacil no estaba. La permanencia, el presagio o su mirada a través de las alas fueron muy posteriores a toda la historia.


-Decías que empezó con versos sueltos.
Nunca pensé que esto iba a ser un libro. Todo empezó con una música, que es algo que me ocurre usualmente. Sea cuando escribo cuento o poesía,  siempre alguna música me lleva a un ambiente y me hace pensar en una historia. Yo practico yoga, y en los encuentros de yoga pasaban una música de unas agüitas que caían así suaves como desde un bambú, bien oriental. Esa música me quedó resonando, la busqué, me la bajé a la compu y el  hecho de escucharla tanto me llevó al haiku*. Pero no al haiku en relación a su  métrica de cinco, siete, cinco sílabas, sino a esas pequeñas imágenes, epifanías de la mirada sobre algo muy chiquito que se torna grande. Tampoco era oriental de Oriente, de la flor de loto. Yo sentía que quería escribir pequeños versos que tuvieran ese clima y que además fuera con flora y fauna local. Lo imaginé primero en un estanque que no estaba en ningún lado, pero cuando necesité ir incorporando y ampliando situaciones, tomé de referencia los esteros del Iberá. Y me puse a investigar fotográficamente y en páginas web. Antes de que fuera libro, tenía la música, las escenas que eran de la naturaleza, pero no necesariamente de un estanque. Tengo un montón de versos sueltos que no son parte del libro porque, por ejemplo, hablaban de una vaquita de San Antonio que nada que ver con el ambiente que necesitaba crear.

-¿Decidiste sacarlos?
Sí, para esta historia, sí.  Pero los tengo guardados. Después empezaron a salir  otros versos y les  di el marco de un estanque. Pero no de un estanque artificial sino de agua estancada. Y así esas imágenes me llevaron a Corrientes, Entre Ríos, a la zona bien litoraleña. Para este momento me empezó a acompañar la música del Chango Spasiuk. Comencé a buscar e hice listas y listas y listas de toda la fauna, la flora y del insectario del lugar. Después hice foco en cada elemento. Pero todavía eran páginas y páginas de cosas sueltas que llegaban a tener el registro de lo que yo buscaba, pero que no se relacionaban para nada entre sí. Y si me preguntas ahora cuando surgió la idea de con todo esto contar una historia, no te lo sabría decir. Lo que tenía claro es que quería contar esta cuestión de la quietud, la previa de la tormenta, la tormenta como un rayo que, como lo hace la ilustración, quiebra el libro a la mitad y el momento posterior que, en un punto, vuelve a esa misma quietud. A mí me interesaba contar que todo se había destruido. Pero destruido a los ojos de quien. Porque en la naturaleza las cosas están en permanente cambio, muchas veces por las manos del hombre, en este caso por la naturaleza misma. Es como querer que una hoja no se caiga en otoño. Quería mostrar que es tan bello lo destruido como lo originario. Eso me interesaba.

- Hay una relación potente entre los elementos, algunos conocidos para los niños como el sapo o la araña, con imágenes que hasta un adulto tiene que releer, ¿cómo lo leen o cómo les resuena a los más chicos?

-  Cuando escribo sé que hay un lector, pero para nada pienso quién va a ser el lector. Yo hubiera dicho que podía ser para niñas y niños y también para adultos. Pero por ejemplo no para chicos de cuatro años. Cuando empecé a visitar las escuelas - la primera fue la de mi hija que tenía esa edad- iba aterrada. Pensaba que no me iban a entender nada. Pero sucedió que no podía leer de corrido ningún verso: “de tan alto el laurel, cosquillea con su olor…”,  porque intervenían con un ¡yo tengo un laurel en mi casa! Totalmente asidos al elemento, no a la metáfora sino a lo concreto. Así que me sorprendí gratamente porque el libro es de poesía, no rimada y muy sutil. Las maestras que lo trabajan o proponen, son de nivel inicial y  de primer ciclo. Los docentes eligen el libro porque les gusta en su condición de adultos. Y hay, claramente,  un gran trabajo de ellos como mediadores. A mí misma me hubiera costado proponérselo a un niño de cuatro años. Por otro lado,  los pibes de primaria no te preguntan qué quisiste decir. No sé, pasará por la sensación que deja, con lo que les vibra. En este sentido, tengo una experiencia maravillosa para contarte.

-Soy toda oídos…
-En la escuela María Elena Walsh de Florencia Varela, propusieron trabajar con el libro en  todas las salas del jardín. De 3 a 5 años.  .  No te puedo explicar la sorpresa que nos llevamos con Diego Moscato, el ilustrador. ¡Lo que hicieron! Lo que crearon, recreado, releído, es impresionante. Ciento veinte chicos, todos disfrazados de alguaciles. ¡Como trabajaron esos docentes! No sabes el modo de  cruzar y transversalizar el libro con  los contenidos que ya estaban abordando en las salas. La escuela invitó a las mamás y papás que, además, tuvieron que confeccionar o comprar los disfraces. No sabes lo que pasó en la primera sala: veinte chicos, todos con sus alas y antenas de diversos tamaños, colores y formas. Y en el medio, un pibe disfrazado de policía (risas) En la casa, entendieron, que un alguacil era un policía. (Risas) Jamás hubiera pensando que estos alguaciles pudieran volar tan alto. Por eso creo que hay una gran apuesta y trabajo, esta es la palabra, de los mediadores.

- Por supuesto que el rol de los mediadores es fundamental, pero hablando de la materialidad del poema, ¿pensás cierta resonancia, de un modo u otro, también tiene que ver con la fuerza de los sustantivos?
Creo que es un libro de gran clima y de grandes sucesos porque quizá los niños pequeños no lo van a leer como historia de amor, pero hay un encuentro y un desencuentro, hay hechos y sucesos. Los sustantivos, como algo sustanciable. En la historia hay una cuestión muy sutil, pero hay elementos puntuales como piedritas que vas saltando en un estanque.  El agua está alrededor, pero me paro acá, salto allá y busco la seguridad de cada cosa. Y fundamentalmente en los animales, porque vos decís un alguacil y ellos ¡en mi casa hay una cucaracha! Una cosa los lleva a la otra.

-“El sauce aúlla el azote azul del rayo”. En este verso hay un sonido jugado…
-Sí, sí. En general voy primero por lo visual y después por la parte fonética: sauce, azote, azul, esto está buscado. Tenía la imagen. El sauce  siempre fue sauce, pero que ese dolor fuera descripto como azote es la búsqueda de la ese con la zeta, y que haya sido azul y no verde, tiene que ver con la zeta de azote y la ese de sauce. Lo mismo con “una alondra se estrella atolondrada contra el espejo de agua”. Después de lo visual, lo auditivo. Yo anoto listado de palabras que me gustan materialmente por su fonética y forma y que tienen que ver con el mapa conceptual, en este caso, el estanque y de ahí parto también para escribir. Creo que lo más fácil que le puede suceder a un poeta es tener presente estos dos sentidos, pero es importante tener en cuenta los otros que pueden ir en paralelo o más arriba o abajo. Aunque después  se cuente desde lo visual, probar como sería mostrarlo desde otro sentido. Desde el olfato: el aroma tan familiar del laurel, por ejemplo. Aunque debo decir que el verso en el que “cosquillea los pies del cielo” surgió también porque en el patio delantero de casa tengo un árbol de laurel muy alto que se enreda en los cables de luz y me preocupa (risas).

- “Hoy perdió su nombre el color del agua”, es un decir bellísimo.
-Yo me imaginaba el agua del estanque de color verde agua, mate cocido con leche que no tiene nada que ver con el color del agua estancada, pero yo la veía así y no había modo de decir eso y que quedara una huella en el paisaje. Y bueno, le encontré el modo. Jamás pensé que este verso lo iba a leer un niño o niña de cuatro años.


-Hablando de colores, ¿cómo fue el trabajo con el ilustrador?
-Mirá, esta publicación fue un milagro. Se editó en 2013, y si bien eran otros tiempos económicos y políticos, el libro encontró muy rápido su editorial. En ese momento el Estado hacía grandes compras de libros para las escuelas y dos editoriales consideraron que este libro podía generar interés y ser de parte de esa política.  Se me dio la situación de elegir entre dos propuestas y decidí que lo publicara Ediciones Del Naranjo. Lo que te quiero decir es que por lo vertiginoso, no pudimos trabajar en conjunto con Diego. Con esta línea que tenemos muchos escritores de intercambiar con el otro autor del libro, yo le quería hacer escuchar la música, mostrar fotos, etc. Para cuando lo contacté, él ya lo había terminado. En una semana lo ilustró. Una locura.

- Hablamos de la escuela y las edades de los lectores, con este libro ¡perdimos todos los prejuicios!
(Risas)  Mi escritura poética es suave, etérea, pero ancla. Y es algo que se descubre cuando ves lo que le sucede al lector. Es imposible saberlo de antemano. Todo lo que estudias y aprendes de dejar que la escritura resuene sola en el otro,  de no pensar que lo que escribís se tiene que comprender, ante tu propio texto, en algún momento,  te lo preguntas. Por suerte en mi caso me lo pregunto muy tardíamente. Pero hay que confiar, sobre todo en los lectores niños porque son los que menos prejuicios tienen. Quizá un niño de 10 o 12 años empieza a tener algún prejuicio respecto de la poesía. Y esto que estoy diciendo es un prejuicio. Es como la otra cara de la moneda: el más chiquito no la va a entender, el más grande no la quiere o la resiste. Date cuenta, superé el primer prejuicio, pero no el segundo (risas) Si me hubieran dicho a quién querés enfrentar, ¡fíjate con qué palabra lo digo!, a los más chicos o a los más grandes, te hubiera dicho que me dan más miedo los grandes. Pero vuelvo a lo mismo, hay que confiar en los lectores, en los de todas las edades.
*Haiku: poema milenario de origen japonés


Verónica García Ontiveros
 Redactora publicitaria, Escritora y Coordinadora de talleres de escritura.
En 2014 recibió Segunda Mención Especial en Poesía en el 12° Premio Nacional de Literatura de Tres de Febrero.
En 2016 participó del libro de producción colectiva “Hasta la Vida”, ediciones del ECuNHi, que ganó el Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” en la categoría LITERATURA Y DERECHOS HUMANOS.
Desde 2017 integra la CD de la Biblioteca Popular Mariano Moreno de Sáenz Peña y la CD integra la CD de Alija, Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina.
Desde 2018 participa de Puente de Libros, Programa de Promoción de la Lectura en Contextos de Encierro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Fundación Net.

Diego Moscato
Ilustrador y fotógrafo.
Colaboró en editoriales nacionales e internacionales como Norma, SM, Santillana, Loqueleo, Letra impresa y Estrada entre otras ilustrando cuentos, novelas y textos educativos.
Trabajó en los ministerios de Cultura y Educación de la Nación siendo Mediador de lectura visual e ilustrador respectivamente.
Realiza los dibujos del ciclo “Nacidos por escrito” producido por Rosebud film&post que emite Canal Encuentro y estoy detrás de cámara en los tutoriales de Maped
Es asistente de Federico Graf en su Workshop en Dirección de Fotografía dictado en la FADU.Creo en la construcción de imágenes en todo tipo de espacios. La esencia es la misma solo cambian las herramientas y los soportes.



domingo, 2 de junio de 2019

Entrevista a Florencia Fragasso: " Una silla no es muy distinta a un poema"


Publicado en el blog de Lietarura Infantil y Juvenil Avion que va
https://avionqueva.com/2019/06/11/una-silla-es-muy-parecida-a-un-poema/


No fuera cosa que por no repetir la palabra, nos quedáramos de pie con Florencia Fragasso para conversar sobre su libro Veinte Sillas. 

Encontramos unas de metal, pintadas de verde y la belleza de la charla acomodó los cuerpos al respaldo. 

Editado este año por Mágicas Naranjas, el libro es un periplo inconcluso, según la propia Florencia, por el universo de ese objeto tan cotidiano y  estallado de sorpresa si nos sabemos acercar de modos distintos.





-¿Por qué “una silla no es muy distinta a un poema”?
Para mí desde siempre los objetos son disparadores muy fuertes, aunque después no queden plasmados en el poema. En general tengo mi escritura asociada al disparador visual, a la vez que la materialidad de las cosas siempre me llamó la atención. La silla se me presentó como un objeto muy misterioso: es un objeto acabado, con su materialidad, pero no se sabe cuál es su pasado, quién lo construyó, como se ensamblaron las partes, o si se concibió con un sentido funcional o estético. En eso me parece que una silla es muy parecida a un poema. O a cómo yo leo un poema. Los que me suelen  gustar o impactar tienen algo de cerrado, terminado,  algo de abierto en cuanto a lo que puede suceder después y tienen, también,  un misterio de origen: cómo llegó un poema a ser un poema. Eso está vedado al lector, y creo  es lo que encierra lo poético. Hay un poema y ahí late todo lo que sucedió: las palabras que no se dijeron, las que quedaron, las que se fueron, ese recorte del punto de vista. Y en los objetos, sobre todo en los construidos manualmente, late ese mismo misterio. Creo que por ahí pasaría la similitud entre el poema y la silla.

-¿Cómo es esa “mirada zigzagueante que va desde los ojos hasta las silla” de la que hablas en el prólogo?
Tiene que ver con el modo de mirar. Hay muchas personas que miran poéticamente, escriban o no. Es su forma de estar con las cosas. Es zigzagueante porque no es un modo lineal de mirar lo que está dado, sino lo que puede no estar o lo que estuvo antes. Un poema es una de las maneras en que esa mirada poética se puede plasmar. En esto hay algo que me gusta mucho de un capítulo del libro “La construcción del camino lector” de Laura Devetach en el que ella habla de estar en estado poético, estar en poesía, entrar en un territorio, en una zona. Lo zigzagueante tiene que ver con esa zona.

-Esta mirada, ¿se asemeja a la de los niños?
Poema I- Ilustración de Julieta Dolinsky
Sí, puede ser. En general los niños tienen una mirada de pregunta cuando empiezan a hablar, a verbalizar su curiosidad sobre los objetos, por saber cómo se llaman, para qué sirven, cómo funcionan. Hay algo de no tomar el objeto simplemente como lo que está ahí, sino de empezar a indagar. Y eso sucede cuando pasás mucho tiempo entre niños, como es mi caso. Tengo dos hijos que tienen muchos amigos y amigas, mi casa está siempre llena de voces. Te diría que hasta de un modo coral, surgen un montón de preguntas que una ya no se hace porque los objetos empiezan a tener un sentido utilitario en la vida adulta. No porque esas preguntas estén resueltas o respondidas, sino porque en la adultez se le da paso a otro tipo de pensamiento que, me parece, achata el vínculo con los objetos. 
Y los niños tienen una cuestión más indagatoria. También, cuando los chicos juegan, hacen mover y hablar a los objetos, el animismo es central en su juego. 
En eso, creo, la mirada puede ser parecida.

-En tus poemas las sillas  son el objeto en sí, pero también evocan juegos, a veces son una excusa, otras veces “protestan con voz de madera,  y tosen, pobrecitas, soltando por la boca su alergia de aserrín”…

 Ilustración Julieta Dolinsky
Es cierto. El objeto silla mutó un montón. El libro, los poemas empezaron de un modo, y la verdad es que el trabajo fue muy plástico. Muchos poemas quedaron afuera, muchos se agregaron a último momento y otros se modificaron. Todo esto empezó como una especie de juego: escribir alrededor de un objeto que me convocaba, me llamaba la atención. Tiene que ver con un libro de Jimmy Liao, “El sonido de los colores”, que estuvo mucho tiempo sobre mi escritorio. Hay una doble página que tiene una enorme cantidad de sillas ilustradas todas diferentes. Esa ilustración me quitaba el sueño. Esto de que hay una cosa que el lenguaje denomina silla, pero puede haber una infinita variación sobre ese objeto. Existen sillas de todos los colores, tamaños, materiales, diseños. Hay una sola cosa que se llama silla pero se puede dar vuelta, colocar patas para arriba, y dentro de una poética puede funcionar en muchos lugares distintos; siendo nombrada, aludida, recordada, soñada o tomando la palabra. Así fue el ejercicio de escritura. Por eso la silla fue cambiando de lugar. Sucedió también que cuando le di estos poemas a Julieta Dolinsky, la ilustradora, ella empezó a trabajar con imágenes que ya tenía, con otras nuevas y fue haciendo un proceso de collage y técnicas mixtas. Al observar el trabajo de Julieta, empecé a retocar los textos. Después vinieron encuentros de laburo muy a la par. Los poemas terminaron de tomar su forma con la imagen. Te digo más, después de haber terminado el libro me di cuenta que la búsqueda no está agotada. Hoy podría escribir ¡cuarenta, sesenta sillas!

-Decís que la silla puede ser recordada o aludida. En el poema de la sala de espera no se la nombra, y en general  una sala de espera ofrece cierta comodidad…
Claro (risas). En este poema ocupa un lugar impreciso. Ahí puede ser la silla donde alguien está esperando sentado/a, o ser la silla la que espera. Me parece que son versos de amor porque hablan del encuentro. Creo que es uno de los poemas en el que la silla no está dicha. Esto también lo hablamos mucho con Julieta: si está dicha o no, si está dibujada o no. Y si no es tangible con la palabra o el dibujo, ¿está latente?, ¿se la puede reconstruir en la lectura? Estas son preguntas sin respuestas, pero que guiaron el laburo. Esto de hacer aparecer y desaparecer la palabra para ver qué huella o qué silencio deja.

 -“Soy tu silla, la de siempre conozco tu espalda de memoria”. En este poema asume una voz…
Sí. En este ejercicio de rodear al objeto desde distintos ángulos mi intención era que el libro no fuera escrito desde la voz de una sola narradora. Este poema surgió pensando en si la silla tiene una posible vida más allá de nosotros. Y lo que me venía a la mente eran las sillas esperando a que las personas llegáramos, necesitándonos para completar su función o su estar. En el poema conviven las dos materialidades: la del cuerpo humano, porque aparece la transpiración, la espalda, la forma de la columna; y la materialidad de la silla. Me parece que es un poema que por un lado humaniza al objeto porque habla, pero también porque se completa con el cuerpo humano. La madera y la huella de la transpiración amalgamadas. Algo que terminé de entender del poema cuando vi la ilustración.

 -En el poema de la lluvia, el cha, cho, chu, cha ¡quiere sonar lo que dice!
Florencia Fragasso
Hay algo de lo sonoro que a mí siempre me interesa en la poesía, tengo esa dimensión muy presente cuando escribo. Probablemente pensando que era un libro cercano al territorio de la infancia me solté más en ese sentido. La experimentación sonora me gusta mucho y acá me pude dar esa licencia con las ches. Fue probar si escribiendo las ches seguidas el poema sonaba, o no,  como la lluvia en el “techo de chapa”. Soltarme en eso, pero con mucha flexibilidad porque si no funcionaba había que sacarlo. En este caso sucedió que Julieta tenía  la ilustración hacía mucho tiempo, dibujada en un papel translúcido y con acuarela. El hecho de que el papel se hubiera mojado y arrugado le dio una sensación de verdad que para mí fue ver esas ches como gotas en el poema. Y ahí con Julieta, nos maravillamos.

- Por el procedimiento lúdico del que venimos hablando, los poemas no se detienen en una sola edad. ¿Te podes imaginar en qué lectores y cómo pueden resonar?
En otros textos míos puedo intuir, imaginar un poco. Pero con este libro no.  Es el primero que escribo pensando en la infancia aunque no sé si es para chicos. Quizá es un libro que tiene mucho de mi yo niña, tiene mucha evocación de lo que me interesaba  a mí cuando era chica o del lenguaje que está asociado a mi niñez. No sé si tan asociado con las infancias de hoy. Esto hace que me quede más lejos imaginar un lector o una lectora. De todos modos, las recepciones que empiezan a aparecer me sorprenden mucho tanto de adultos como de niños porque es algo de lo que no tenía pista. Por suerte este libro encontró rápido su editorial. Y creo tiene que ver con la coincidencia en no pensar la literatura para chicos de una determinada edad, sino en una recepción por parte de adultos y niños. Eso es lo que busca todo el catálogo de Mágicas Naranjas. O dicho de otra manera: que la palabra poética pueda tocar las puertas de lectores y lectoras de edades diferentes.



  • Florencia Fragasso se formó en la carrera de Letras de la UBA, en la Diplomatura en Literatura Infantil y Juvenil de UNSAM y en talleres y seminarios de poesía. Publicaciones: “Extranjeras”, “Superpoderes”, “Melliza, entre otras.
  • Laura Devetach, escritora, poeta y docente argentina. Gran maestra que siembra semillas que brotan.
  • Jimmy Liao, ilustrador taiwanes y autor de libros de imágenes.


Entrevista realizada el 28/05/2019


martes, 5 de marzo de 2019

Bibliotecas al paso. La Artigas, otra ocasión para la lectura



La Artigas, otra ocasión para la lectura.
Desde hace algunos años se multiplican en todo el país las Bibliotecas al Paso. Con formas de “pajareras” o de Pierrot armado con venecitas o casitas de color azul. “Con la instalación del mueble biblioteca en el espacio público, la escuela ya no es la única ocasión para el abordaje de la lectura”, explica María Inés Gómez bibliotecaria en el barrio Ramón Carrillo, Villa Soldati, y una de las convidadoras  de la Biblioteca Al Paso Artigas situada en el barrio de La Paternal., más precisamente en Gervasio Artigas al 2600.“Desde el año pasado (2018) tenía ganas de hacer una porque sabía que existían.  En un momento de tanta oscuridad, en el que el contexto asusta, no sabes para dónde vamos y eso mismo me dio el impulso de armar una biblio en la vereda. Me fui al Taller de Alma, un espacio de creación para chicos y adultos, para ver de qué se trataba y con tres o cuatro notitas que me traje de ahí fui a conversar con los vecinos. Primero con dos familias de la escuela dónde van mis hijos y fue una multiplicación exponencial. Enseguida fuimos un montón formando equipo.  Nos conocemos del barrio, de seminarios como los de Cecilia Bajour (1) que además es vecina, de las escuelas y de un montón de otros lugares. Se armó una red sorprendente de vínculos. La inauguramos el 6 de octubre y está teniendo un desarrollo increíble”.

-¿Qué es, cómo funciona una biblioteca al paso?

-No sé si hay una definición oficial (sonrisa), pero la instalación de la biblioteca mueble con su colección en el espacio público hace que desaparezca el espíritu de tener todo bajo control. Por ejemplo no se propone que se registre el préstamo. La circulación es verdaderamente libre, desestructura la representación que en general se tiene de una biblioteca. Estamos acostumbrados a dar cuenta de lo que llevamos, de lo que devolvemos, a tener miedo que nos pase algo con el material. De este modo el acceso queda despojado de  requisitos. Y a la vez es conmovedor ver a vecinos que, aunque exista este nivel de libertad,  anotan que se llevan tal libro y que lo van a devolver. Es una biblioteca puesta en el espacio público, sin necesidad de registro, sin requisitos: hay quienes se llevan libros y traen y hay quienes llevan y no traen.

-Y ahora que todo es imagen, ¿se sigue leyendo?

-Nunca dejé de pensar que la gente lee, pero la mediación siempre es necesaria. Tenemos que seguir generando y diversificando para que haya muchas otras "grandes ocasiones" además de la escuela, para que no sea  la única  Gran Ocasión (2). El modo de lectura escolar con sus consignas y sus tiempos es un modo. Muchas veces vemos que son los chicos los que agarran los libros y los adultos enseguida “no, no toques” y tenemos que salir a decirles “déjalo que está para eso”. Necesitamos multiplicar la ocasión y ponerle el cuerpo a la mediación.  Participan los niños y adultos que no tienen acceso a los libros, pero también los que tienen libros y pueden comprarse. El concepto de al paso, genera otra cosa. Te digo más: el día que estábamos armando la biblioteca pasaban unas chicas que van casa por casa vendiendo cosas y nos preguntaron qué estábamos haciendo. Les contamos y nos dicen “tenemos libros”. Sacaron del bolso y nos los dejaron. Todos tenemos algo para dar y esto mismo desarticula las representaciones que tenemos. Por ejemplo de quiénes son los libros, quién  organiza una biblioteca. Esas representaciones se ponen movedizas, se dinamizan.




Contar y Picar
Es la noche del 2 de marzo. Sábado, vereda y calle, están de carnaval. Una cantora con caja nos cuenta que en el chillido que suelta cuando termina la copla vuelan los sonidos que no utilizó y los devuelve al viento. Después, habrá tango y murga.
Cuelgan guirnaldas con bombitas que en vez de agua explotan frases: nochecita de verano balido ardiente, no dejes salir al diablo a que me tiente. Hay rondas de chiques y grandes armando antifaces, rondas de chiques abriendo los ojos, atentos a los cuentos que viajan en las voces  de narradoras y narradores. Hay mesas para que les grandes compartamos algo para comer, una charla, una sonrisa. De repente les adultes también quedamos atrapades con alguna historia de sapos y agradecides cuando nos regalan una copla en un sobrecito de té.


-Más allá de sostener la biblio, queríamos de algún modo habitar la vereda con propuestas de este tipo, con este formato de Contar y Picar que es tan amigable y resultó muy bien recibido. Lo hacemos cada tanto. Cada uno trae algo para comer y beber. Y  se produce este maravilloso encuentro entre vecines.

Un modo de resistencia para estos tiempos.

(1) Cecilia Bajour, profesora en letras, Coordinadora del Área de Literatura Infantil y Juvenil del PLELIJ de la UNSAM.
(2)La Gran Ocasión, la escuela como sociedad de lectura de Graciela Montes.


viernes, 1 de marzo de 2019


Los manchados de María Teresa Andruetto

A finales de 2011, Julieta viaja a Tama, ciudad de La Rioja, para saber más sobre su padre. “Casi todo el tiempo que estuvo con nosotros se quedó entre estas paredes. Después, cuando se fue hacia el Sur porque la chica peligraba, vinieron a buscarlo los gendarmes (…)” Desde allí irá reconstruyendo identidad a través de, principalmente, conversaciones con mujeres que son familiares o  han conocido a su padre. Esas voces evocarán las insurrecciones diaguitas y al Chacho Peñaloza, los fusilamientos en los basurales de José León Suarez, los bombardeos en Plaza de Mayo, la última dictadura cívico militar, entre otros acontecimientos  de la historia política de nuestro país.
Geográficamente lejos de Macondo, pero con su aire de pasiones, desgracias, entreveros y genealogía familiar, la novela está narrada por voces en primera persona y con los diversos modismos del noroeste. Ese modo coral y de rescate de la oralidad popular le da colores y  perspectivas distintas para esa búsqueda y reconstrucción en la que las reiteraciones y contradicciones tienen sentido. “Así sucedieron las cosas, niña Julieta, como le digo, y de ahí dimana todo (…) Esta pariente que le mento, la mujer de ese cabo que estaba en servicio, es quien me ha contado la mala vida que el Manchado le daba a su abuela”

La voz de Julieta no aparece explícitamente. La vamos conociendo a partir de la interacción en las conversaciones que narrativamente no son diálogos, sino una suerte de monólogos en los que Andruetto la visibiliza con el artilugio de la charla. “Hay algunas cuestiones que no viene al caso decirle a usted, asuntos que ni Pepe ni yo le preguntamos nunca a su papá, por discreción, porque nos pareció que ya tenía bastante con lo que le había tocado…Lo veíamos sufrir, y como nos encariñamos con él, no preguntamos cuál era el verdadero motivo por el que andaba escapando (…)” La sensación es que estas hospitalarias mujeres mantienen la charla con quienes estamos leyendo,  se siente la invitación y hasta el leve gesto de ofrecer  un té o un tamal para acompañar el diálogo.
Julieta y quienes leemos estamos en una posición de paridad avanzando una a una las páginas. Develamos y reconstruimos al mismo tiempo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    
Otro recurso que Andruetto pone en juego, es que una de las voces  se intercala cada tanto como narradora en tercera persona, ratificando o aportando datos y ayudando a completar el hilo narrativo. Este punto de vista se corporiza en capítulos de un libro escrito por una de las mujeres entrevistadas por Julieta. ” Efectivamente, Julieta, mi apellido es Linares, soy la autora de ese libro de memorias que menciona y desciendo de esa Martirio Linares de la que habla, soy nieta de una hija que ella tuvo cuando ya era grande, pero como no me crió mi madre sino otras muchas mujeres que vivían en la casa, no podría decir a cuál de todas ellas cabría llamar mamá…”
 El libro,  al que se alude en las conversaciones, cuenta la historia de Tama. El efecto es el de salir y entrar en la historia de ficción. Y es a su vez, para los lectores de Andruetto, un diálogo con su obra, en particular con las novelas Tama y Lengua Madre.
Como en Cien años de soledad, quienes estamos leyendo nos vemos en la gran tentación de  completar el árbol genealógico de Los Manchados  para no perdernos. “En cuanto a Martirio Linares, vendría a ser abuela de Emérita y Arminda, que son hijas de mi tía Zenobia, también abuela mía, por lo que puestos a considerar, había sabido ser que Emérita y Arminda, por una parte, y yo, por otra parte, venimos a ser primas”
“En cuanto a su papá, pobre, recuerdo que en aquel tiempo y con todos los problemas que teníamos, estaba preocupado por una mancha que tenía en el brazo, un lunar gordo y lleno de pelos; quería sacárselo”. Por suerte y paradójicamente,  no hay una  sola certeza de a qué responde el título de esta novela en la que el universo de los humildes y, en particular de las mujeres, lleva las riendas.




viernes, 22 de febrero de 2019


boca arriba
allá en el
        cielo
                 raso
en vez de contar
estrellas
contamos  dos
         tres
cien
las patas
de una araña

ciento uno       doscientos seis
   trescientos treinta y ocho
patas de araña

y en ese
trabapatadelengua
en ese
          llegó mamá.

viernes, 25 de enero de 2019

Cartas












                                                                                                                                             25 de Febrero 1978
Laura, mi nena hermosa:
¿Cómo estás? Recién me fui y ya te extraño. Te extrañamos con papá. Hicimos un acuerdo: yo escribo y él cocina. No sé si es un buen trato, digo porque ya conocemos los gustos de papá. ¡Pobre! Con lo que se esfuerza y nosotras nos reímos.
Ay Lauri, faltan pocos días para que empiecen  las clases y no puedo creer que ya estés en primer grado. Estamos felices y un poco tristes también porque no podemos estar con vos, pero ya sabés que tuvimos que irnos a trabajar, venirnos a trabajar, lejos de ustedes. Es un tiempo nomás, ya les explicamos. Antes de que me olvide, no peleen con tu hermana y no hagan renegar a la abuela. Pedile al tío que les saque una foto juntas con el guardapolvo. No le hagas burla a tu hermana con eso de que ella tiene el de cuadritos todavía… ¿dale? Y déjate hacer las trenzas que después te agarrás piojos y zas, tijera eh.
Te prometí la muñeca y la voy a encontrar: una morocha y de ojos claros, que no sea tan bebota, pero que llore cuando la des vuelta. ¡Uff! Cuántas cosas me tengo que acordar. Papá me llama para comer. No tengo idea qué cocinó. Espero que no sean esas albóndigas raras que le gustan sólo a él.
Lau, no te asustes de la escuela. En poco tiempo vas a poder leer solita las historias que te gustan.
Te dejo un beso grande (a tu hermana le mandé uno en su carta, sí una carta para cada una, Lauri. No peleen). ¡Feliz comienzo! Las amamos.
Papá y mamá.

Laura dice que sí con la cabeza, pero no entiende por qué tuvieron que irse a trabajar a otro lugar. La mamá es empleada de oficina y el papá, tornero. Hasta hace poco les iba bien, al menos es lo que ellos decían. No trabajan en la misma fábrica, pero ahora se ve que sí, que fueron a la misma. ¡De un día para el otro se fueron! Cuando la abuela termina de leer la carta, se saca los anteojos y se da vuelta. De espaldas a la nieta, le dice que es hora de dormir y que se acostumbre a acostarse temprano porque el lunes empiezan   las clases. Que es un día muy importante y ya escuchaste lo que te pide tu mamá, dejame que te haga las trenzas. La voz de la abuela suena distinta, un poco triste; a lo mejor no recibió una carta para ella sola. Debe ser por eso. Pero al leer las cartas que le mandan a Laura y a la hermana, es como si le escribieran a ella también.
Laura está que no entiende nada con esto de que los padres se fueron. Pero también, un poco contenta porque la mamá no se olvida de la promesa.




                                                                                                                                                        Marzo 1978
¡Hola, mi amor!
¿Cómo estás? Me contó la abuela que te encanta el colegio. Me alegra mucho, nos alegra mucho. Papi dice que mejor te siga escribiendo yo. Dice que soy mejor embajadora. Preguntale a la abuela que quiere decir embajadora. Todavía no encontré la muñeca, pero siempre que tengo un poco de tiempo, salgo a buscarla. Supongo que te estas portando bien, la abuela dice que sí. ¿Le creo? Con papá tenemos mucho trabajo, por eso nos vamos a quedar un tiempo más en este lugar. No es lindo acá, por eso no nos pueden venir a visitar. Me gustaría ver tu cuaderno, hija. Cuidate que en un tiempito se viene el fresquete.
Beso grande de mamá y otro de papá.

-¿Vos le escribiste que me gusta el colegio?- le protesta Laura a la abuela. No le gusta nada nada el colegio. Los compañeros, y a veces la maestra también, le preguntan por sus papás. La miran con los ojos abiertos como un huevo frito y tuercen la cabeza como diciendo pobrecita. Así la primera vez. La segunda, hacen más preguntas como si no le creyeran. Laura les dice que están lejos porque tuvieron que irse a trabajar a otro lugar.

-¡Abuela, le dijiste cualquier cosa a mamá! La escuela es fea, las sillas son chiquitas y no me gusta que me pregunten.
- Ya te dije, la fábrica tiene una sucursal. Decí eso en la escuela.
-Es que me olvidé qué quiere decir sucursal.
-Es cuando una misma fábrica tiene las máquinas en lugares distintos, en distintos edificios. Por ejemplo una está acá nomás, la que vos conoces. Otra puede estar…
-En un barrio más lejos. Pero por qué le dijiste a mi mamá que…
-¡Claro, una sucursal puede estar en otro barrio!- La abuela se hace la distraída y no le responde eso de que le dijo cualquier cosa a la mamá. 
-¿Falta mucho para que vuelvan? 
- Estas esperando la muñeca…
-Los extraño-  No lo dice, pero  un poco también piensa en la muñeca.



Laura, mi amor:
No sabes cómo te vamos a extrañar extrañamos. A las dos, claro. Pero esta es tu carta. ¡Qué bueno que te lleves bien con tus compañeros! Nos alegramos mucho. Papá sigue con eso de que mejor escriba yo. Ahora debes conocer más números y más letras. Pronto vas a poder leer y escribir. Me gustaría ayudarte con la tarea. Supongo que la abuela te ayuda. Cualquier cosa, le pedís al tío. Él sabe de todo. Menos de fútbol, sabe de todo.
No la hagas llorar a tu hermana, pensá que sos la mayor y te busca para jugar.
Lau, estos meses seránson muy duros lejos de ustedes, pero es lo mejor para todos. Abrigate y aunque no te guste el gorro que te tejí (es un poco feo, tenés razón), úsalo hasta que aprenda a tejer mejor. ¡Por favor no te enfermes!
Te quiero hasta el cielo. Mamá.
 PD: papá te manda un beso de luna.

- ¡Pero si no los quiero a mis compañeros! Te dije que me siguen preguntando. ¡Le contás cualquier cosa a mis papás!- Y le saca la carta  a la abuela.
-Lauuuura. Mi a-mo. Mor. Amor- lee en voz alta.
-Dame-.Y la abuela se queda con la hoja que se arrugó en el tironeo. Le duele ver cómo se aguanta la nieta para no llorar.  La pucha con esto de las cartas, piensa. No fue la mejor idea.
“Ahora debes conocer más letras”, repite Laura cómo si hubiera leído las líneas que su madre escribió en el apuro de aquella noche.
 ¡Y claro que conoce más letras! Y ya sabe escribir su nombre. El de la hermana no lo practica, pero el suyo le sale. Y ella no hace llorar a la hermana, lo que pasa es que Violeta llora por cualquier cosa. Y eso de ser la mayor… Mejor apurarse por aprender a leer todo seguido. Y a escribir todas las letras para responder ella solita las cartas y contar la verdad. Y para leer las cartas que le escriben a la hermana.
¿Le habrán conseguido el oso a Violeta?
 -Bueno, ahora leé la de Violeta. ¡Violetaaa!
La hermana se acerca despacio. Le interrumpieron el juego con los rasti.
 -La abu te quiere leer la carta de mamá y papá ¿si?
La abuela saca una hoja de un sobre y lee.
Querida Violeta. Papá y mamá tienen mucho trabajo, portense bien y no se peleen. No me olvido de tu oso.
-¿No dice nada más?
-Ay corazón, tengo muchas cosas qué hacer.

 Cuánto faltará para que vuelvan, piensa Laura. Está un poco triste por lo de la muñeca. “Un beso de luna”, repite Laura y se le pone la piel de gallina. Así la saluda el papá cuando se va a dormir. Extraña que la duerma después de leerle un cuento con un beso que primero fue de queso y después de luna. Cuánto faltará para que vuelvan. La mamá no escribió nada sobre la muñeca. O no la consiguió o se olvidó. ¿O costará mucha plata? Eso de no decir nada de la muñeca, qué raro.

-¿Cuándo vuelven, abuela?
-La voy a bañar a Violeta y después te ayudo con la tarea.
-¿Cuándo vuelven?


Laura:
En la carta de la última vez, me olvidé de contarte que vi una muñeca que llora, pero no es morocha y es muy bebota. A veces no encuentro el tiempo para buscar. Salgo de noche porque hay mucho trabajo. Pero pienso todo el tiempo en ustedes, en cómo les estará yendo…Yo sé que es difícil de entender que nos tengamos que ir  hayamos tenido que ir tan lejos …por favor no hagas renegar a la abuela y abrígate que el invierno es traicionero.
Besos, hijita.

A la abuela se le atragantan las palabras; intenta corregir algunas, las transforma, pero Laura se da cuenta. Por favor, no hagas renegar a la abuela. Laura protesta porque ella se está portando bien. ¡Pero si me estoy portando bien! Y además la mamá habla del invierno y en la escuela hace rato que están preparando el festejo de la primavera. ¡Y en todos los barrios tiene que ser primavera! ¿O no?
¿La abuela lee cualquier cosa? ¿Por qué les miente a sus papás? Y por qué las palabras le salen así, como cuando las personas se aguantan de llorar. Le saca la carta y  ve que algunas palabras están tachadas. Le pregunta, por qué está tachado. Y si está tachado es que no dice nada, corazón.  Laura retruca: Si hay las letras, dice algo.
- Lau, no tiene importancia si está tachado. Quizá tu mamá quiso escribir una cosa y le salió mal. ¿A vos no te pasa?
-Sí, pero borro y lo hago de nuevo. 
La abuela le pide que le devuelva la carta. Se lo pide bien.
-¡No, porque es mía!
-Dame, Laurita.
- Quiero saber qué dice en lo tachado.
-¡Laura!
-“La co-sa es-tá bra-va”- lee Laura.
-¡Damela Laura!
- ¿Qué quiere decir, eso?  
-No sé, se habrá equivocado. No me quiero enojar, Laura. Devolveme la carta.
-¡Yo estoy enojada!
-No grites que tu hermana está durmiendo.
- ¡Le mentís a mis papás! ¡Y me mentís a mí!
-¡No!
-¡Mentirosa!
-¡No grites que tu hermana está durmiendo!
- ¡Quiero que vuelvan ya!- La abuela se calla; muda se queda.
               - ¿Por qué mentís?
-¡Basta, Laura!
-¡Decime!- La abuela no responde, se cubre la cara, se cruza de brazos, los descruza, camina en una dirección y en otra. Respira fuerte. Recuerda la urgencia de la última noche que vio a su hija.
Laura piensa para qué pidió tantas veces la muñeca. A lo mejor se fueron lejos para poder conseguirla. Pero no, se fueron por el trabajo. O para qué fueron. Abuela, no quiero más la muñeca. Quiero a mi mamá y a mi papá.
La abuela se sienta en una silla. Parece más chiquita, así, mirando para abajo, y sin decir nada, como si la hubieran retado y mandado a la penitencia. ¡Abuela!  Laura se sienta en el piso y espera. ¡Decime abuela! Y espera.
La abuela no la mira. Le cuesta, porque no sabe qué decirle. Pero sabe qué sucede. No todo, pero algo sí.
Algo sí. Lo que  no sabe es dónde están, dónde están su hija y su yerno ahora. Y no sabe tampoco qué hacer con la muñeca que su hija escondió, aquella noche, después de haber llorado mientras escribía cada una de las cartas.


2016/2017