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domingo, 2 de junio de 2019

Entrevista a Florencia Fragasso: " Una silla no es muy distinta a un poema"


Publicado en el blog de Lietarura Infantil y Juvenil Avion que va
https://avionqueva.com/2019/06/11/una-silla-es-muy-parecida-a-un-poema/


No fuera cosa que por no repetir la palabra, nos quedáramos de pie con Florencia Fragasso para conversar sobre su libro Veinte Sillas. 

Encontramos unas de metal, pintadas de verde y la belleza de la charla acomodó los cuerpos al respaldo. 

Editado este año por Mágicas Naranjas, el libro es un periplo inconcluso, según la propia Florencia, por el universo de ese objeto tan cotidiano y  estallado de sorpresa si nos sabemos acercar de modos distintos.





-¿Por qué “una silla no es muy distinta a un poema”?
Para mí desde siempre los objetos son disparadores muy fuertes, aunque después no queden plasmados en el poema. En general tengo mi escritura asociada al disparador visual, a la vez que la materialidad de las cosas siempre me llamó la atención. La silla se me presentó como un objeto muy misterioso: es un objeto acabado, con su materialidad, pero no se sabe cuál es su pasado, quién lo construyó, como se ensamblaron las partes, o si se concibió con un sentido funcional o estético. En eso me parece que una silla es muy parecida a un poema. O a cómo yo leo un poema. Los que me suelen  gustar o impactar tienen algo de cerrado, terminado,  algo de abierto en cuanto a lo que puede suceder después y tienen, también,  un misterio de origen: cómo llegó un poema a ser un poema. Eso está vedado al lector, y creo  es lo que encierra lo poético. Hay un poema y ahí late todo lo que sucedió: las palabras que no se dijeron, las que quedaron, las que se fueron, ese recorte del punto de vista. Y en los objetos, sobre todo en los construidos manualmente, late ese mismo misterio. Creo que por ahí pasaría la similitud entre el poema y la silla.

-¿Cómo es esa “mirada zigzagueante que va desde los ojos hasta las silla” de la que hablas en el prólogo?
Tiene que ver con el modo de mirar. Hay muchas personas que miran poéticamente, escriban o no. Es su forma de estar con las cosas. Es zigzagueante porque no es un modo lineal de mirar lo que está dado, sino lo que puede no estar o lo que estuvo antes. Un poema es una de las maneras en que esa mirada poética se puede plasmar. En esto hay algo que me gusta mucho de un capítulo del libro “La construcción del camino lector” de Laura Devetach en el que ella habla de estar en estado poético, estar en poesía, entrar en un territorio, en una zona. Lo zigzagueante tiene que ver con esa zona.

-Esta mirada, ¿se asemeja a la de los niños?
Poema I- Ilustración de Julieta Dolinsky
Sí, puede ser. En general los niños tienen una mirada de pregunta cuando empiezan a hablar, a verbalizar su curiosidad sobre los objetos, por saber cómo se llaman, para qué sirven, cómo funcionan. Hay algo de no tomar el objeto simplemente como lo que está ahí, sino de empezar a indagar. Y eso sucede cuando pasás mucho tiempo entre niños, como es mi caso. Tengo dos hijos que tienen muchos amigos y amigas, mi casa está siempre llena de voces. Te diría que hasta de un modo coral, surgen un montón de preguntas que una ya no se hace porque los objetos empiezan a tener un sentido utilitario en la vida adulta. No porque esas preguntas estén resueltas o respondidas, sino porque en la adultez se le da paso a otro tipo de pensamiento que, me parece, achata el vínculo con los objetos. 
Y los niños tienen una cuestión más indagatoria. También, cuando los chicos juegan, hacen mover y hablar a los objetos, el animismo es central en su juego. 
En eso, creo, la mirada puede ser parecida.

-En tus poemas las sillas  son el objeto en sí, pero también evocan juegos, a veces son una excusa, otras veces “protestan con voz de madera,  y tosen, pobrecitas, soltando por la boca su alergia de aserrín”…

 Ilustración Julieta Dolinsky
Es cierto. El objeto silla mutó un montón. El libro, los poemas empezaron de un modo, y la verdad es que el trabajo fue muy plástico. Muchos poemas quedaron afuera, muchos se agregaron a último momento y otros se modificaron. Todo esto empezó como una especie de juego: escribir alrededor de un objeto que me convocaba, me llamaba la atención. Tiene que ver con un libro de Jimmy Liao, “El sonido de los colores”, que estuvo mucho tiempo sobre mi escritorio. Hay una doble página que tiene una enorme cantidad de sillas ilustradas todas diferentes. Esa ilustración me quitaba el sueño. Esto de que hay una cosa que el lenguaje denomina silla, pero puede haber una infinita variación sobre ese objeto. Existen sillas de todos los colores, tamaños, materiales, diseños. Hay una sola cosa que se llama silla pero se puede dar vuelta, colocar patas para arriba, y dentro de una poética puede funcionar en muchos lugares distintos; siendo nombrada, aludida, recordada, soñada o tomando la palabra. Así fue el ejercicio de escritura. Por eso la silla fue cambiando de lugar. Sucedió también que cuando le di estos poemas a Julieta Dolinsky, la ilustradora, ella empezó a trabajar con imágenes que ya tenía, con otras nuevas y fue haciendo un proceso de collage y técnicas mixtas. Al observar el trabajo de Julieta, empecé a retocar los textos. Después vinieron encuentros de laburo muy a la par. Los poemas terminaron de tomar su forma con la imagen. Te digo más, después de haber terminado el libro me di cuenta que la búsqueda no está agotada. Hoy podría escribir ¡cuarenta, sesenta sillas!

-Decís que la silla puede ser recordada o aludida. En el poema de la sala de espera no se la nombra, y en general  una sala de espera ofrece cierta comodidad…
Claro (risas). En este poema ocupa un lugar impreciso. Ahí puede ser la silla donde alguien está esperando sentado/a, o ser la silla la que espera. Me parece que son versos de amor porque hablan del encuentro. Creo que es uno de los poemas en el que la silla no está dicha. Esto también lo hablamos mucho con Julieta: si está dicha o no, si está dibujada o no. Y si no es tangible con la palabra o el dibujo, ¿está latente?, ¿se la puede reconstruir en la lectura? Estas son preguntas sin respuestas, pero que guiaron el laburo. Esto de hacer aparecer y desaparecer la palabra para ver qué huella o qué silencio deja.

 -“Soy tu silla, la de siempre conozco tu espalda de memoria”. En este poema asume una voz…
Sí. En este ejercicio de rodear al objeto desde distintos ángulos mi intención era que el libro no fuera escrito desde la voz de una sola narradora. Este poema surgió pensando en si la silla tiene una posible vida más allá de nosotros. Y lo que me venía a la mente eran las sillas esperando a que las personas llegáramos, necesitándonos para completar su función o su estar. En el poema conviven las dos materialidades: la del cuerpo humano, porque aparece la transpiración, la espalda, la forma de la columna; y la materialidad de la silla. Me parece que es un poema que por un lado humaniza al objeto porque habla, pero también porque se completa con el cuerpo humano. La madera y la huella de la transpiración amalgamadas. Algo que terminé de entender del poema cuando vi la ilustración.

 -En el poema de la lluvia, el cha, cho, chu, cha ¡quiere sonar lo que dice!
Florencia Fragasso
Hay algo de lo sonoro que a mí siempre me interesa en la poesía, tengo esa dimensión muy presente cuando escribo. Probablemente pensando que era un libro cercano al territorio de la infancia me solté más en ese sentido. La experimentación sonora me gusta mucho y acá me pude dar esa licencia con las ches. Fue probar si escribiendo las ches seguidas el poema sonaba, o no,  como la lluvia en el “techo de chapa”. Soltarme en eso, pero con mucha flexibilidad porque si no funcionaba había que sacarlo. En este caso sucedió que Julieta tenía  la ilustración hacía mucho tiempo, dibujada en un papel translúcido y con acuarela. El hecho de que el papel se hubiera mojado y arrugado le dio una sensación de verdad que para mí fue ver esas ches como gotas en el poema. Y ahí con Julieta, nos maravillamos.

- Por el procedimiento lúdico del que venimos hablando, los poemas no se detienen en una sola edad. ¿Te podes imaginar en qué lectores y cómo pueden resonar?
En otros textos míos puedo intuir, imaginar un poco. Pero con este libro no.  Es el primero que escribo pensando en la infancia aunque no sé si es para chicos. Quizá es un libro que tiene mucho de mi yo niña, tiene mucha evocación de lo que me interesaba  a mí cuando era chica o del lenguaje que está asociado a mi niñez. No sé si tan asociado con las infancias de hoy. Esto hace que me quede más lejos imaginar un lector o una lectora. De todos modos, las recepciones que empiezan a aparecer me sorprenden mucho tanto de adultos como de niños porque es algo de lo que no tenía pista. Por suerte este libro encontró rápido su editorial. Y creo tiene que ver con la coincidencia en no pensar la literatura para chicos de una determinada edad, sino en una recepción por parte de adultos y niños. Eso es lo que busca todo el catálogo de Mágicas Naranjas. O dicho de otra manera: que la palabra poética pueda tocar las puertas de lectores y lectoras de edades diferentes.



  • Florencia Fragasso se formó en la carrera de Letras de la UBA, en la Diplomatura en Literatura Infantil y Juvenil de UNSAM y en talleres y seminarios de poesía. Publicaciones: “Extranjeras”, “Superpoderes”, “Melliza, entre otras.
  • Laura Devetach, escritora, poeta y docente argentina. Gran maestra que siembra semillas que brotan.
  • Jimmy Liao, ilustrador taiwanes y autor de libros de imágenes.


Entrevista realizada el 28/05/2019


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