Publicado en el blog de Lietarura Infantil y Juvenil Avion que va
https://avionqueva.com/2019/06/11/una-silla-es-muy-parecida-a-un-poema/
No
fuera cosa que por no repetir la palabra, nos quedáramos de pie con Florencia Fragasso para conversar sobre
su libro Veinte Sillas.
Encontramos
unas de metal, pintadas de verde y la belleza de la charla acomodó los cuerpos
al respaldo.
Editado este año por Mágicas
Naranjas, el libro es un periplo inconcluso, según la propia Florencia, por
el universo de ese objeto tan cotidiano y estallado de sorpresa si nos sabemos acercar
de modos distintos.
-¿Por qué “una silla no es muy distinta
a un poema”?
Para
mí desde siempre los objetos son disparadores muy fuertes, aunque después no
queden plasmados en el poema. En general tengo mi escritura asociada al
disparador visual, a la vez que la materialidad de las cosas siempre me llamó
la atención. La silla se me presentó como un objeto muy misterioso: es un
objeto acabado, con su materialidad, pero no se sabe cuál es su pasado, quién
lo construyó, como se ensamblaron las partes, o si se concibió con un sentido
funcional o estético. En eso me parece que una silla es muy parecida a un poema.
O a cómo yo leo un poema. Los que me suelen
gustar o impactar tienen algo de cerrado, terminado, algo de abierto en cuanto a lo que puede suceder
después y tienen, también, un misterio
de origen: cómo llegó un poema a ser un poema. Eso está vedado al lector, y
creo es lo que encierra lo poético. Hay
un poema y ahí late todo lo que sucedió: las palabras que no se dijeron, las
que quedaron, las que se fueron, ese recorte del punto de vista. Y en los
objetos, sobre todo en los construidos manualmente, late ese mismo misterio.
Creo que por ahí pasaría la similitud entre el poema y la silla.
-¿Cómo es esa “mirada zigzagueante que
va desde los ojos hasta las silla” de la que hablas en el prólogo?
Tiene
que ver con el modo de mirar. Hay muchas personas que miran poéticamente,
escriban o no. Es su forma de estar con las cosas. Es zigzagueante porque no es
un modo lineal de mirar lo que está dado, sino lo que puede no estar o lo que
estuvo antes. Un poema es una de las maneras en que esa mirada poética se puede
plasmar. En esto hay algo que me gusta mucho de un capítulo del libro “La
construcción del camino lector” de Laura Devetach en el que ella habla de estar
en estado poético, estar en poesía,
entrar en un territorio, en una zona. Lo zigzagueante tiene que ver con esa
zona.
-Esta mirada, ¿se asemeja a la de los
niños?
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| Poema I- Ilustración de Julieta Dolinsky |
Sí,
puede ser. En general los niños tienen una mirada de pregunta cuando empiezan a
hablar, a verbalizar su curiosidad sobre los objetos, por saber cómo se llaman,
para qué sirven, cómo funcionan. Hay algo de no tomar el objeto simplemente
como lo que está ahí, sino de empezar a indagar. Y eso sucede cuando pasás
mucho tiempo entre niños, como es mi caso. Tengo dos hijos que tienen muchos
amigos y amigas, mi casa está siempre llena de voces. Te diría que hasta de un
modo coral, surgen un montón de preguntas que una ya no se hace porque los
objetos empiezan a tener un sentido utilitario en la vida adulta. No porque
esas preguntas estén resueltas o respondidas, sino porque en la adultez se le
da paso a otro tipo de pensamiento que, me parece, achata el vínculo con los
objetos.
Y los niños tienen una cuestión más indagatoria. También, cuando los
chicos juegan, hacen mover y hablar a los objetos, el animismo es central en su
juego.
En eso, creo, la mirada puede ser parecida.
-En tus poemas las sillas son el objeto en sí, pero también evocan
juegos, a veces son una excusa, otras veces “protestan con voz de madera, y tosen, pobrecitas, soltando por la boca su
alergia de aserrín”…
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| Ilustración Julieta Dolinsky |
-Decís que la silla puede ser recordada
o aludida. En el poema de la sala de espera no se la nombra, y en general una sala de espera ofrece cierta comodidad…
Claro
(risas). En este poema ocupa un lugar impreciso. Ahí puede ser la silla donde
alguien está esperando sentado/a, o ser la silla la que espera. Me parece que son
versos de amor porque hablan del encuentro. Creo que es uno de los poemas en el
que la silla no está dicha. Esto también lo hablamos mucho con Julieta: si está
dicha o no, si está dibujada o no. Y si no es tangible con la palabra o el
dibujo, ¿está latente?, ¿se la puede reconstruir en la lectura? Estas son
preguntas sin respuestas, pero que guiaron el laburo. Esto de hacer aparecer y
desaparecer la palabra para ver qué huella o qué silencio deja.
Sí.
En este ejercicio de rodear al objeto desde distintos ángulos mi intención era que
el libro no fuera escrito desde la voz de una sola narradora. Este poema surgió
pensando en si la silla tiene una posible vida más allá de nosotros. Y lo que
me venía a la mente eran las sillas esperando a que las personas llegáramos,
necesitándonos para completar su función o su estar. En el poema conviven las
dos materialidades: la del cuerpo humano, porque aparece la transpiración, la
espalda, la forma de la columna; y la materialidad de la silla. Me parece que
es un poema que por un lado humaniza al objeto porque habla, pero también
porque se completa con el cuerpo humano. La madera y la huella de la
transpiración amalgamadas. Algo que terminé de entender del poema cuando vi la
ilustración.
-En el poema de la lluvia, el cha, cho,
chu, cha ¡quiere sonar lo que dice!
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| Florencia Fragasso |
- Por el procedimiento lúdico del que
venimos hablando, los poemas no se detienen en una sola edad. ¿Te podes
imaginar en qué lectores y cómo pueden resonar?
En
otros textos míos puedo intuir, imaginar un poco. Pero con este libro no. Es el primero que escribo pensando en la
infancia aunque no sé si es para chicos. Quizá es un libro que tiene mucho de
mi yo niña, tiene mucha evocación de lo que me interesaba a mí cuando era chica o del lenguaje que está
asociado a mi niñez. No sé si tan asociado con las infancias de hoy. Esto hace
que me quede más lejos imaginar un lector o una lectora. De todos modos, las recepciones
que empiezan a aparecer me sorprenden mucho tanto de adultos como de niños
porque es algo de lo que no tenía pista. Por suerte este libro encontró rápido su
editorial. Y creo tiene que ver con la coincidencia en no pensar la literatura
para chicos de una determinada edad, sino en una recepción por parte de adultos
y niños. Eso es lo que busca todo el catálogo de Mágicas Naranjas. O dicho de
otra manera: que la palabra poética pueda tocar las puertas de lectores y
lectoras de edades diferentes.
- Florencia Fragasso se formó en la carrera de Letras de la UBA, en la Diplomatura en Literatura Infantil y Juvenil de UNSAM y en talleres y seminarios de poesía. Publicaciones: “Extranjeras”, “Superpoderes”, “Melliza, entre otras.
- Laura Devetach, escritora, poeta y docente argentina. Gran maestra que siembra semillas que brotan.
- Jimmy Liao, ilustrador taiwanes y autor de libros de imágenes.
Entrevista realizada el 28/05/2019




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