Seguidores

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Conversación con Verónica García Ontiveros

Publicada en el blog de Literatura Infantil y Juvenil Avión que va.

La belleza en la tormenta.

La tarde, muy de entrecasa, da comienzo a esta historia que se cuenta en tres actos. Así, en Aguaciles de Verónica García Ontiveros, sucede lo natural de una tormenta, pero con la mirada suspendida en la maravilla de lo que no se ve a simple vista. Publicado por Ediciones Del Naranjo en 2013, es un libro para leer situados desde el asombro en viaje a  lo pequeño y cotidiano.



- Tu alguacil “se quedó, alas cerradas, a mirar por la tormenta”, ¿cómo es mirar por la tormenta?
-Eso es más propio del alguacil que mío porque no lo podría identificar como una experiencia personal. Mi vivencia de la tormenta es cuando está llegando esa cosa negra que se te viene encima, el viento, los ruidos y  la posibilidad de quedarte debajo de la lluvia. En el libro, el aguacil es mi testigo, pero si me apego a la imagen no es que se queda a mirar a través del agua como podría ser la literalidad de la frase. Sino que es la excusa por la cual se quedó. En realidad también es la idea de la permanencia. El alguacil viene, trae la tormenta y se queda hasta el final. Un poco lo forcé a que se quede.

- Pobre alguacil, ¿por qué?
El tema era encontrar un testigo, un yo poético que pudiera contar en tercera persona una historia. Este texto no empezó como un poema narrado enteramente, es decir como un poema que cuenta una sucesión de hechos. Empezó con versos sueltos. El poema narrado y esta de historia de amor entre el viento y la lluvia y todo lo que se desencadena a partir de la cita entre ellos,  encontró el título mucho tiempo después. El nombre del libro pasó por múltiples variantes que tenían que ver con este encuentro de amor. Y no salía y no salía. Entonces fue cortar, empezar de cero. Sentía que podía tener el nombre de alguno de los  otros protagonistas, y cuando apareció alguaciles, me di cuenta que la palabra contenía la palabra agua y eso ¡me encantó! Fue lo que me decidió entre otras tantas opciones. Pero al principio, el alguacil no estaba. La permanencia, el presagio o su mirada a través de las alas fueron muy posteriores a toda la historia.


-Decías que empezó con versos sueltos.
Nunca pensé que esto iba a ser un libro. Todo empezó con una música, que es algo que me ocurre usualmente. Sea cuando escribo cuento o poesía,  siempre alguna música me lleva a un ambiente y me hace pensar en una historia. Yo practico yoga, y en los encuentros de yoga pasaban una música de unas agüitas que caían así suaves como desde un bambú, bien oriental. Esa música me quedó resonando, la busqué, me la bajé a la compu y el  hecho de escucharla tanto me llevó al haiku*. Pero no al haiku en relación a su  métrica de cinco, siete, cinco sílabas, sino a esas pequeñas imágenes, epifanías de la mirada sobre algo muy chiquito que se torna grande. Tampoco era oriental de Oriente, de la flor de loto. Yo sentía que quería escribir pequeños versos que tuvieran ese clima y que además fuera con flora y fauna local. Lo imaginé primero en un estanque que no estaba en ningún lado, pero cuando necesité ir incorporando y ampliando situaciones, tomé de referencia los esteros del Iberá. Y me puse a investigar fotográficamente y en páginas web. Antes de que fuera libro, tenía la música, las escenas que eran de la naturaleza, pero no necesariamente de un estanque. Tengo un montón de versos sueltos que no son parte del libro porque, por ejemplo, hablaban de una vaquita de San Antonio que nada que ver con el ambiente que necesitaba crear.

-¿Decidiste sacarlos?
Sí, para esta historia, sí.  Pero los tengo guardados. Después empezaron a salir  otros versos y les  di el marco de un estanque. Pero no de un estanque artificial sino de agua estancada. Y así esas imágenes me llevaron a Corrientes, Entre Ríos, a la zona bien litoraleña. Para este momento me empezó a acompañar la música del Chango Spasiuk. Comencé a buscar e hice listas y listas y listas de toda la fauna, la flora y del insectario del lugar. Después hice foco en cada elemento. Pero todavía eran páginas y páginas de cosas sueltas que llegaban a tener el registro de lo que yo buscaba, pero que no se relacionaban para nada entre sí. Y si me preguntas ahora cuando surgió la idea de con todo esto contar una historia, no te lo sabría decir. Lo que tenía claro es que quería contar esta cuestión de la quietud, la previa de la tormenta, la tormenta como un rayo que, como lo hace la ilustración, quiebra el libro a la mitad y el momento posterior que, en un punto, vuelve a esa misma quietud. A mí me interesaba contar que todo se había destruido. Pero destruido a los ojos de quien. Porque en la naturaleza las cosas están en permanente cambio, muchas veces por las manos del hombre, en este caso por la naturaleza misma. Es como querer que una hoja no se caiga en otoño. Quería mostrar que es tan bello lo destruido como lo originario. Eso me interesaba.

- Hay una relación potente entre los elementos, algunos conocidos para los niños como el sapo o la araña, con imágenes que hasta un adulto tiene que releer, ¿cómo lo leen o cómo les resuena a los más chicos?

-  Cuando escribo sé que hay un lector, pero para nada pienso quién va a ser el lector. Yo hubiera dicho que podía ser para niñas y niños y también para adultos. Pero por ejemplo no para chicos de cuatro años. Cuando empecé a visitar las escuelas - la primera fue la de mi hija que tenía esa edad- iba aterrada. Pensaba que no me iban a entender nada. Pero sucedió que no podía leer de corrido ningún verso: “de tan alto el laurel, cosquillea con su olor…”,  porque intervenían con un ¡yo tengo un laurel en mi casa! Totalmente asidos al elemento, no a la metáfora sino a lo concreto. Así que me sorprendí gratamente porque el libro es de poesía, no rimada y muy sutil. Las maestras que lo trabajan o proponen, son de nivel inicial y  de primer ciclo. Los docentes eligen el libro porque les gusta en su condición de adultos. Y hay, claramente,  un gran trabajo de ellos como mediadores. A mí misma me hubiera costado proponérselo a un niño de cuatro años. Por otro lado,  los pibes de primaria no te preguntan qué quisiste decir. No sé, pasará por la sensación que deja, con lo que les vibra. En este sentido, tengo una experiencia maravillosa para contarte.

-Soy toda oídos…
-En la escuela María Elena Walsh de Florencia Varela, propusieron trabajar con el libro en  todas las salas del jardín. De 3 a 5 años.  .  No te puedo explicar la sorpresa que nos llevamos con Diego Moscato, el ilustrador. ¡Lo que hicieron! Lo que crearon, recreado, releído, es impresionante. Ciento veinte chicos, todos disfrazados de alguaciles. ¡Como trabajaron esos docentes! No sabes el modo de  cruzar y transversalizar el libro con  los contenidos que ya estaban abordando en las salas. La escuela invitó a las mamás y papás que, además, tuvieron que confeccionar o comprar los disfraces. No sabes lo que pasó en la primera sala: veinte chicos, todos con sus alas y antenas de diversos tamaños, colores y formas. Y en el medio, un pibe disfrazado de policía (risas) En la casa, entendieron, que un alguacil era un policía. (Risas) Jamás hubiera pensando que estos alguaciles pudieran volar tan alto. Por eso creo que hay una gran apuesta y trabajo, esta es la palabra, de los mediadores.

- Por supuesto que el rol de los mediadores es fundamental, pero hablando de la materialidad del poema, ¿pensás cierta resonancia, de un modo u otro, también tiene que ver con la fuerza de los sustantivos?
Creo que es un libro de gran clima y de grandes sucesos porque quizá los niños pequeños no lo van a leer como historia de amor, pero hay un encuentro y un desencuentro, hay hechos y sucesos. Los sustantivos, como algo sustanciable. En la historia hay una cuestión muy sutil, pero hay elementos puntuales como piedritas que vas saltando en un estanque.  El agua está alrededor, pero me paro acá, salto allá y busco la seguridad de cada cosa. Y fundamentalmente en los animales, porque vos decís un alguacil y ellos ¡en mi casa hay una cucaracha! Una cosa los lleva a la otra.

-“El sauce aúlla el azote azul del rayo”. En este verso hay un sonido jugado…
-Sí, sí. En general voy primero por lo visual y después por la parte fonética: sauce, azote, azul, esto está buscado. Tenía la imagen. El sauce  siempre fue sauce, pero que ese dolor fuera descripto como azote es la búsqueda de la ese con la zeta, y que haya sido azul y no verde, tiene que ver con la zeta de azote y la ese de sauce. Lo mismo con “una alondra se estrella atolondrada contra el espejo de agua”. Después de lo visual, lo auditivo. Yo anoto listado de palabras que me gustan materialmente por su fonética y forma y que tienen que ver con el mapa conceptual, en este caso, el estanque y de ahí parto también para escribir. Creo que lo más fácil que le puede suceder a un poeta es tener presente estos dos sentidos, pero es importante tener en cuenta los otros que pueden ir en paralelo o más arriba o abajo. Aunque después  se cuente desde lo visual, probar como sería mostrarlo desde otro sentido. Desde el olfato: el aroma tan familiar del laurel, por ejemplo. Aunque debo decir que el verso en el que “cosquillea los pies del cielo” surgió también porque en el patio delantero de casa tengo un árbol de laurel muy alto que se enreda en los cables de luz y me preocupa (risas).

- “Hoy perdió su nombre el color del agua”, es un decir bellísimo.
-Yo me imaginaba el agua del estanque de color verde agua, mate cocido con leche que no tiene nada que ver con el color del agua estancada, pero yo la veía así y no había modo de decir eso y que quedara una huella en el paisaje. Y bueno, le encontré el modo. Jamás pensé que este verso lo iba a leer un niño o niña de cuatro años.


-Hablando de colores, ¿cómo fue el trabajo con el ilustrador?
-Mirá, esta publicación fue un milagro. Se editó en 2013, y si bien eran otros tiempos económicos y políticos, el libro encontró muy rápido su editorial. En ese momento el Estado hacía grandes compras de libros para las escuelas y dos editoriales consideraron que este libro podía generar interés y ser de parte de esa política.  Se me dio la situación de elegir entre dos propuestas y decidí que lo publicara Ediciones Del Naranjo. Lo que te quiero decir es que por lo vertiginoso, no pudimos trabajar en conjunto con Diego. Con esta línea que tenemos muchos escritores de intercambiar con el otro autor del libro, yo le quería hacer escuchar la música, mostrar fotos, etc. Para cuando lo contacté, él ya lo había terminado. En una semana lo ilustró. Una locura.

- Hablamos de la escuela y las edades de los lectores, con este libro ¡perdimos todos los prejuicios!
(Risas)  Mi escritura poética es suave, etérea, pero ancla. Y es algo que se descubre cuando ves lo que le sucede al lector. Es imposible saberlo de antemano. Todo lo que estudias y aprendes de dejar que la escritura resuene sola en el otro,  de no pensar que lo que escribís se tiene que comprender, ante tu propio texto, en algún momento,  te lo preguntas. Por suerte en mi caso me lo pregunto muy tardíamente. Pero hay que confiar, sobre todo en los lectores niños porque son los que menos prejuicios tienen. Quizá un niño de 10 o 12 años empieza a tener algún prejuicio respecto de la poesía. Y esto que estoy diciendo es un prejuicio. Es como la otra cara de la moneda: el más chiquito no la va a entender, el más grande no la quiere o la resiste. Date cuenta, superé el primer prejuicio, pero no el segundo (risas) Si me hubieran dicho a quién querés enfrentar, ¡fíjate con qué palabra lo digo!, a los más chicos o a los más grandes, te hubiera dicho que me dan más miedo los grandes. Pero vuelvo a lo mismo, hay que confiar en los lectores, en los de todas las edades.
*Haiku: poema milenario de origen japonés


Verónica García Ontiveros
 Redactora publicitaria, Escritora y Coordinadora de talleres de escritura.
En 2014 recibió Segunda Mención Especial en Poesía en el 12° Premio Nacional de Literatura de Tres de Febrero.
En 2016 participó del libro de producción colectiva “Hasta la Vida”, ediciones del ECuNHi, que ganó el Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil “La Hormiguita Viajera” en la categoría LITERATURA Y DERECHOS HUMANOS.
Desde 2017 integra la CD de la Biblioteca Popular Mariano Moreno de Sáenz Peña y la CD integra la CD de Alija, Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina.
Desde 2018 participa de Puente de Libros, Programa de Promoción de la Lectura en Contextos de Encierro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Fundación Net.

Diego Moscato
Ilustrador y fotógrafo.
Colaboró en editoriales nacionales e internacionales como Norma, SM, Santillana, Loqueleo, Letra impresa y Estrada entre otras ilustrando cuentos, novelas y textos educativos.
Trabajó en los ministerios de Cultura y Educación de la Nación siendo Mediador de lectura visual e ilustrador respectivamente.
Realiza los dibujos del ciclo “Nacidos por escrito” producido por Rosebud film&post que emite Canal Encuentro y estoy detrás de cámara en los tutoriales de Maped
Es asistente de Federico Graf en su Workshop en Dirección de Fotografía dictado en la FADU.Creo en la construcción de imágenes en todo tipo de espacios. La esencia es la misma solo cambian las herramientas y los soportes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario