Acá te leen cuentos
Como un pasarse la voz.
El
niño al que recién le contaron una historia, le bate la precisa al que recién
llega: “acá, te leen cuentos”. Un modo de convite que ningún adulto puede empardar.
La
biblioteca al paso que se montó en Tecnópolis desde el Plan Nacional de
Lecturas que depende del ministerio de
Educación, resultó un rincón hogareño
para leer en familia, de a uno, de a dos, de a todos.
Niñas
y niños anduvieron descalzos, despatarrados, recostados en los puf, panza arriba, panza
abajo, cruzados de piernas, y descruzados también, entregando el cuerpo a la lectura en ese
intervalo de biblioteca.
Todes
concentrades en sus lecturas y de repente, desde el micrófono, un cuento de
María Elena Walsh, la gran homenajeada. Y de repente otra vez, uno de monstruos
o de princesas no tan dormidas.
“Nosotras
estamos para leerles historias”. Y claro, si estábamos para eso. Para mediar
entre el libro y les chiques, entre el libro y les adultes. Porque les grandes,
no sólo acompañaron, sino que se dejaron contar las mismas historias. Los ojos
detenidos en quien leía, lo evidenciaron. Los cuerpos, también. Y en este estar
para leerles, se entreveraron pedidos, preguntas, cuestionamientos: “cómo va a
entrar el lobo por la chimenea para comerse a los chanchitos, si por la
chimenea pasa Papa Noel”, le dijeron a Nilda, una de las mediadoras. O a
Gabriela: “no sé qué es una tijeretita, pero es un ave hembra”.
No
menos controversiales fueron las lecturas íntimas en las que mediaron Dolores,
Paula y Gabriela.
Todas
escenas puente.
Una
mamá leyéndole a una beba, un hermano a una hermana y un papá tironeado por sus
dos hijas que no se ponían de acuerdo en si continuar con la historia o qué. Álvaro
de cinco, nos alcanza libros de monstruos, de animales de la selva y hasta El
libro de los abrazos de Eduardo Galeano, mientras un niño le dice a otro:
" este es hermoso", y le señala El pueblo que no quería ser gris de
Beatriz Doumerc y Ayex Barnes. Amancay, de siete, nos confiesa que quiere ser escritora, y
nosotras felices y agradecidas de la experiencia.
Así,
como un pasar la voz, para propiciar nuevas situaciones de lecturas y aprendizaje.

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