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miércoles, 4 de marzo de 2020


Acá te leen cuentos


Como un pasarse la voz.
El niño al que recién le contaron una historia, le bate la precisa al que recién llega: “acá, te leen cuentos”. Un modo de convite que ningún adulto puede empardar.


La biblioteca al paso que se montó en Tecnópolis desde el Plan Nacional de Lecturas  que depende del ministerio de Educación, resultó un rincón  hogareño para leer en familia, de a uno, de a dos, de a todos.

Niñas y niños anduvieron descalzos, despatarrados, recostados en los puf, panza arriba, panza abajo, cruzados de piernas, y descruzados también,  entregando el cuerpo a la lectura en ese intervalo de biblioteca.

Todes concentrades en sus lecturas y de repente, desde el micrófono, un cuento de María Elena Walsh, la gran homenajeada. Y de repente otra vez, uno de monstruos o de princesas no tan dormidas.

“Nosotras estamos para leerles historias”. Y claro, si estábamos para eso. Para mediar entre el libro y les chiques, entre el libro y les adultes. Porque les grandes, no sólo acompañaron, sino que se dejaron contar las mismas historias. Los ojos detenidos en quien leía, lo evidenciaron. Los cuerpos, también. Y en este estar para leerles, se entreveraron pedidos, preguntas, cuestionamientos: “cómo va a entrar el lobo por la chimenea para comerse a los chanchitos, si por la chimenea pasa Papa Noel”, le dijeron a Nilda, una de las mediadoras. O a Gabriela: “no sé qué es una tijeretita, pero es un ave hembra”.

No menos controversiales fueron las lecturas íntimas en las que mediaron Dolores, Paula y Gabriela.

Todas escenas puente.

Una mamá leyéndole a una beba, un hermano a una hermana y un papá tironeado por sus dos hijas que no se ponían de acuerdo en si continuar con la historia o qué. Álvaro de cinco, nos alcanza libros de monstruos, de animales de la selva y hasta El libro de los abrazos de Eduardo Galeano, mientras un niño le dice a otro: " este es hermoso", y le señala El pueblo que no quería ser gris de Beatriz Doumerc y Ayex Barnes. Amancay, de siete,  nos confiesa que quiere ser escritora, y nosotras felices y agradecidas de la experiencia.

Así, como un pasar la voz, para propiciar nuevas situaciones de lecturas y aprendizaje. 

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